domingo, 31 de diciembre de 2017

Propósitos de año nuevo, aleluya

Madre mía, desde mayo que no escribo nada por aquí. Siempre digo que voy a volver al blog y al final se queda relegado porque antepongo otras mil cosas, y, para qué voy a mentir, porque siento que no me lee ya ni Dios, y eso no anima mucho. El caso, para los que sí lo hacen, he aquí mi review del año, mi reflexión filosófica:
Este 2017 ha sido una locura. Ha estado bien y mal.
He aprendido a no presionarme taaaaanto (y aún me queda), a no exigirme y no ponerme las expectativas por las nubes y más allá, a tomar lo que venga y más o menos adaptarme a ello.
Me he llevado muchos tortazos metafóricos porque siempre quiero todo a la primera, tengo 0 paciencia, me gusta que las cosas que deseo ocurran, y rápido. Para el 2018 me propongo tomármelo todo con más calma, porque me entran unos agobios que no os quiero ni contar...
He viajado mucho en verano, me he reído UN MONTÓN, y eso es maravilloso. He quedado con mis amigos más que el año pasado. Me he atrevido a hacer cosas, he dejado de juzgarme tanto y casi se podría decir que empiezo a confiar de verdad en mí misma (sienta de maravilla la verdad).
He probado comida nueva, me he vestido como he querido, me he cortado el pelo, he bailado sin pensar en si lo estaba haciendo bien o mal.
También me han dado taquicardias (como cuando perdí mi cartera con todas mis cosas dentro), y casi me muero de pena en verano (los veranos no son mi fuerte).
He descubierto una de mis películas favoritas, La La Land, que se ha quedado ahí en mi corazón metida, y ya no creo que salga.

Y ya llega un nuevo año, uno en el que quiero que la Marina del futuro sea más atrevida, más valiente, que no piense las cosas 1000 veces antes de hacerlas, que se coma el mundo, que no dude tanto de sí misma, que no tenga prisa porque todo llega y que anteponga siempre su salud mental, que es importante y muy menospreciada.


Feliz año a todos los que seguís ahí, muchísimas gracias SIEMPRE por apoyarme y transmitirme tanto cariño desde el otro de la pantalla. Muá 💜

Marina

martes, 23 de mayo de 2017

Las 23:25

Las 23:25 de la noche era una hora muy especial para el pequeño hombrecillo que se recostaba en el sofá de terciopelo. Era la hora a la que los búhos comenzaban a ulular y la luna brillaba con fuerza, irradiando luz por todo aquel páramo desolado.
Él, por supuesto, no dudaba de nada. Sabía que sus cordones estaban atados, que la camisa burdeos era la adecuada y que llevar el pelo atado en una coleta descuidada le daba un toque especial. Las apariencias eran importantes, ¿no? Si no lo eran entonces, no sabía cuándo lo serían de nuevo.
Los pantalones caían sobre sus zapatos. La etiqueta sobresalía de su chaqueta marrón.
-No, no, no. Así. Así, mejor- hablaba consigo mismo porque no tenía más compañía que la de su pobre cabeza.
Recogía la cocina meticulosamente y se arropaba en la cama sigilosamente. Dormía bocarriba, o al menos lo intentaba. Así, si aparecía, no tendría más que levantarse de un impulso y darle una bofetada. Miró de reojo cómo se movía el fuego sinuoso en la chimenea.
Su reloj tremendamente antiguo movía su péndulo como si estuviera burlándose de él.
El hombrecillo observó cómo los minutos pasaban lentamente. Las 23:20 marcaba ya.
Se estiró los pantalones, muy pulcro se sentía. Los zapatos asomaban por debajo de las sábanas, que eran finísimas para no tardar nada en levantarlas si era necesario.
23:25. El estruendo llamó a su puerta. Por fin había llegado, impetuosa y rebelde. La pesadilla más bonita que había tenido jamás lo acogió en sus mejores galas, y se fugaron huyendo del páramo y del fuego crepitante.

lunes, 23 de enero de 2017

La mujer y el amigo

La mujer
Amelia siempre hacía tres cosas cuando se levantaba: pasarse los dedos por su pelo negro una docena de veces, colocarse el flequillo en su sitio y comer un cruasán para desayunar. 
Trabajaba como sirvienta en una vivienda cercana a la suya, a la cual iba dando un paseo. Le gustaba observar los árboles que rodeaban el camino y dibujar las flores que llamaban su atención.
Tenía los ojos grandes y las pestañas largas. Una boca pequeña, dedos finos y largas piernas le daban en su conjunto un porte elegante cuando caminaba. 
Solía sonreír a los desconocidos con un poco de tristeza en el rostro, no por nada en especial, sino porque se entretenía pensando en lo desastrosas que podían ser sus vidas, y en si lo serían tanto como la suya. 
Detestaba las faldas, pero le hacían trabajar con una, así que lo primero que hacía al regresar a casa era quitársela. Caminaba por los pasillos en ropa interior porque se sentía más cómoda. A veces preparaba café para ella y para su marido y, cuando se sentía de buen humor, entraba con picardía a su despacho y se lo ofrecía, pero él apenas la miraba. 
Amelia, embargada por una tristeza que ya era familiar y común en su cabeza, se ponía entonces ropa más corriente y envolvía la lencería entre papel de seda para devolverla al día siguiente.
La melancolía se dibujaba en su rostro antes de irse a dormir en una cama muy vacía aunque tuviera un hombre junto a ella. Se giraba hacia un lado y se mordisqueaba las uñas porque le hacía distraerse y no pensar en las ganas que tenía de llorar.
Sin familia y prácticamente sola en el mundo, se veía incapaz de dejar a la única persona que la había querido… aunque ya no lo hiciera. 


El amigo
Su padre siempre le había dicho que no conseguiría nada en la vida si no estudiaba. Así fue como Agustín se metió en Derecho, una carrera que no le había llamado nunca la atención, y que sin embargo se había sacado con las mejores calificaciones de su promoción.
Había sido un chico organizado desde que tenía recuerdo. Le gustaba anotar todo lo que pasaba por su cabeza. Hacía listas interminables, apuntaba con detalle lo que tenía que hacer cada día y escribía con rigurosidad un diario desde los diez años.
Era un hombre atractivo que siempre salía a la calle bien afeitado y con el pelo engominado. Siempre llevaba una gabardina larga, camisa y corbata. Cuando coincidía con alguna mujer en el ascensor, siempre se le quedaba mirando de reojo. Nunca salía de casa sin colonia. Era varonil, contaba con un buen trabajo y tampoco podía quejarse de su piso.
Sin embargo, no era feliz. Se miraba con atención en el espejo cuando se lavaba los dientes, sus ojos azules le devolvían la mirada y sus labios gruesos intentaban sonreír en un intento de empezar la jornada con más ánimos. 
No encontraba cercanía en ninguna de las mujeres a las que había acogido entre sus brazos musculosos, resultado de tardes largas en el gimnasio. Fruncía sus cejas pobladas y se preguntaba qué estaba mal en su vida para no poder disfrutar de ella. 
Y aunque la respuesta permanecía en su espejo, intentaba ignorarla. 
Iba a reuniones, asistía a alguna de las fiestas a las que era invitado y de vez en cuando rechazaba contratos para ascender de puesto porque al final del día, era ella lo único que le faltaba. No necesitaba un salario más alto.

Solía mirar de reojo la foto en blanco y negro que había colgada en una de las esquinas de su espejo y sonreía a Amelia como si aún estuvieran juntos en el instituto. 

lunes, 9 de enero de 2017

Libros que quiero leer en 2017

¡Hola! Como veis, estoy intentando recuperar el viejo hábito del blog porque hay muchas cosas de las que quiero hablaros pero que al final son sustituidas por otros vídeos, así que lo que no tenga hueco en el canal, lo tendrá aquí.

Hoy os hablo de los libros que me muero por leer este año:
- La reina en el palacio de las corrientes de aire (Millennium, # 3).  
Esta trilogía va por muy buen camino y no puedo esperar a leer su conclusión. Tengo que saber más de Lisbeth Salander, ¿quién es en realidad, qué va a pasar con ella?
- Seconds.  Es una novela gráfica que me llamó mucho la atención cuando Ariel Bissett, una youtuber, habló de ella tan bien. Los colores parecen súper bonitos y cálidos y la historia tiene pinta de ser interesante y diferente.
- All We Shall Know: lo mismo que la anterior. Esta chica dijo tantas cosas buenas de la forma en la que estaba escrito el libro que no me aguanto, necesito comprobar si es cierto por mí misma.
- La canción de Aquiles: porque me lo recomendó una amiga de la universidad y es de temática mitológica, no hay mucho más que explicar.
- El pozo de la ascensión.  Es la segunda parte de la trilogía "Nacidos de la bruma" de Brandon Sanderson. Leí la primera parte a finales de 2016 y no pude quedar más encantada. LO NECESITO YA.
- Rojo y oro. √ Es la novela que sacarán Iria y Selene en febrero (ya ni pongo sus apellidos, sabéis quiénes son). Todo lo que escriben me transporta a otro mundo y me hace sentir bien acogida. Además, también va de dioses, así que todo es bueno.
- Girl Up.  Es una novela feminista de la que escuché en algún canal de Youtube que no recuerdo. Me apetece leer más sobre esto desde que terminé "Cómo ser mujer" de Caitlin Moran, que también me encantó.
- El juego del ángel  : es la segunda parte de la tetralogía de Zafón, "El Cementerio de los Libros Olvidados". Su predecesor quedó en el primer puesto de mi top libros de 2016, así que imaginad.
- The Raven Boys: es una trilogía de Maggie Stiefvater que siempre he querido leer pero que al final dejo abandonada por otros libros. De este año no pasa, al menos leeré el primero.
- 1984.  La famosísima distopía de George Orwell lleva ya dos años en mi lista de "to-read". Por fin tengo el libro en mi estantería, así que caerá tarde o temprano porque se supone que es una joya universal y su sinopsis y los temas que trata me atraen muchísimo.
- Americanah: es un libro que también tiene pintaza. Según tengo entendido, habla sobre el racismo, y su autora es una de las mejores escritoras que tenemos ahora mismo en el mundo. Con esas premisas, como para no querer probarlo.

Como veis, son once libros los que quiero leer sí o sí. Espero que este año traiga muchas sorpresas y grandes historias. Tengo muchas expectativas con los mencionados en esta lista, así que solo rezo para que estén a la altura y por supuesto, para descubrir muchos otros.
Marina

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